martes, 15 de julio de 2014

'La torre elevada' | Lawrence Wright

Una amenaza de largo alcance


No hay mayor historia de terror que el terror que es real y que, además, golpea cerca. Los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas y el Pentágono constituyeron la "puesta de largo" de la organización terrorista islamista Al-Qaeda. Sin embargo, los ataques con aviones fueron el fruto de una plan que había empezado mucho tiempo atrás y que Lawrence Wright muestra en La torre elevada. Al-Qaeda y los orígenes del 11-S, una investigación periodística desarrollada a lo largo de cinco años con más de quinientas entrevistas que ganó el Premio Pulitzer.


La obra desarrolla de forma paralela la formación y la expansión de Al-Qaeda, y las investigaciones desde Estados Unidos, especialmente por parte de John O'Neill, jefe de contraterrorismo del FBI, en cuanto hubo sospechas de lo que se estaba tramando en Oriente Próximo. Porque es allí donde nacieron los líderes de la organización: Osama bin Laden en Arabia Saudí, en el seno de una familia acomodada dedicada a la construcción, y Ayman al-Zawahiri en Egipto, en una familia de médicos.
 
Expresado de forma muy básica, Al-Zawahiri era el cerebro ideológico de al-Qaeda mientras Bin Laden aportaba carisma y dinero. Pero Lawrence Wright sitúa el germen de la yihad, de la lucha actual contra el "infiel" Occidente, en Sayyid Qutb, un escritor y profesor egipcio que en 1948 viajó a Nueva York. A pesar de quedar deslumbrado por el desarrollo de la ciudad si la comparaba con El Cairo, Qutb decidió permanecer fiel a sus profundas creencias islámicas, lo que conllevaba ver la vida en Estados Unidos como un torrente de vicio y degeneración. A esto había que sumar el odio hacia la potencia norteamericana por el apoyo prestado a Israel.

 
A partir de aquí, Lawrence Wright relata una sucesión de idas y venidas, revoluciones, derrocamientos de gobiernos, alianzas, encarcelaciones y ejecuciones. El entramado desembocó en la aparición de movimientos locales que propugnaban la vuelta a una concepción ortodoxa del Islam, además de la lucha contra el afán expansionista de la Unión Soviética en Afganistán. Sin embargo, lo que empezó como un fenómeno más bien idealista terminó convirtiéndose en un ejército dispuesto a matar y a morir para matar.

Mientras, del lado de Estados Unidos, al leer La torre elevada queda la duda sobre si se hizo todo lo que se pudo para evitar la masacre de las Torres Gemelas. Por un lado, a John O'Neill le costaba convencer a las autoridades pertinentes del peligro que se les avecinaba. Por otro, la CIA, ocupada en la inteligencia en el exterior, disponía de información sobre los terroristas que no compartió con el FBI, dedicado a la seguridad del país.

Adentrarse en el libro de Lawrence Wright, tan precisa que asombra intuir todo el trabajo que hay detrás, es necesario para comprender algo más el mundo en el que vivimos, aunque lo que cuenta es terrible porque es real. Odio, venganza y un fanatismo que llega a límites impactantes, como el caso de una mujer que fallece atrapada entre escombros tras negarse a ser rescatada para que sus salvadores no la viesen sin el velo.


Ahora bien, para que gente como Qutb, bin Laden o al-Zawahiri puedan erigirse en líderes extremistas, hace falta un caldo de cultivo social cuya responsabilidad última es difícil de determinar porque depende de muchos factores históricos, políticos y económicos. Quizá por eso, entre la multitud de descripciones, conversaciones y datos, La torre elevada incluye esta frase que puede tomarse como aviso: "El radicalismo prospera cuando existe desajuste entre expectativas crecientes y oportunidades en declive".

La torre elevada. Al-Qaeda y los orígenes del 11-S (The Looming Tower) (2006), de Lawrence Wright. 582 páginas. Traducción de Yolanda Fontal Rueda y Carlos Sardiña Galache. Yo he leído la edición de Debate de 2009, aunque también está disponible en DeBolsillo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por dejar tu comentario.