sábado, 7 de junio de 2014

'Las ovejas de Glennkill' | Leonie Swann

Balidos detectivescos


La novela policiaca puede tener los protagonistas más insospechados. Las ovejas de Glennkill, de la alemana Leonie Swann, es una historia entre misteriosa y humorística que parte de los mismos presupuestos que cualquier historia del género: el pastor George Glenn aparece muerto con una pala atravesándole el pecho. Hasta aquí, todo normal. Sin embargo, las encargadas de resolver este crimen son las entrañables ovejas de su rebaño.


Las similitudes con las novelas detectivescas se muestran desde la apertura del libro, que, al más puro estilo de Agatha Christie, ofrece un listado por orden alfabético de los principales personajes que aparecerán a lo largo de las páginas. Eso sí, todos los que aparecen pertenecen al ganado lanar, para que no quepan dudas acerca de sobre quién recae el protagonismo.

Para llevar a cabo la investigación sobre la muerte de George, Cordelia, Mopple, Zora y los demás ovinos deben hacer frente a los peligros y misterios del mundo de los humanos, tan incomprensible para ellas como el suyo para nosotros, lo cual generará todo tipo de situaciones cómicas. De hecho, las situaciones más hilarantes de Las ovejas de Glennkill vienen provocadas por intentos absurdos de comunicación y malentendidos humano-ovejunos (en especial, con el carnicero del pueblo, el párroco y durante un concurso para elegir a la oveja más lista). Tampoco tienen desperdicio las conversaciones entre los propios animales y sus “averiguaciones”.

Como en toda novela criminal que se precie, no faltan los pasajes inquietantes, con enigmáticos personajes que emergen de la niebla y sucesos inexplicables. No olvidemos que la narración se cuenta desde el punto de vista de las ovejas, que perciben cosas que no entienden del todo.

Por ello, resulta paradójico que los lectores nos enteremos de los detalles de la muerte de George antes que su rebaño investigador. Recibimos los mismos datos que las ovejas, pero ellas no saben interpretarlos. Esta circunstancia, lejos de desanimarnos y defraudarnos, nos hace sentir cariño y simpatía hacia los lanudos animales y sus deducciones inocentes, pero lúcidas. Y es que, si uno se mete en la piel de las ovejas, comprenderá que, ante sus ojos, los seres humanos nos comportamos de un modo no tan raro como el del resto de los animales.

El pastor George era el único humano que se esforzaba por tratar a su rebaño como seres racionales; por eso les leía libros todas las noches. Convirtámonos en ovejas por un tiempo y dejemos que Leonie Swann nos cuente la historia de Zora y compañía. Con Las ovejas de Glennkill, esta autora ha conseguido crear una novela en la cual, mediante una estructura de típica historia policiaca (asesinato, detectives, pruebas falsas, etcétera), refleja el complejo mundo de los seres humanos desde la cómica perspectiva de unos animales supuestamente inferiores.

Las ovejas de Glennkill (2005), de Leonie Swann. 317 páginas. Yo he leído la edición de 2007 de Salamandra.

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